Cuento desde el frío sur
Texto:Chus Lago
Caminaba sobre un yogurt natural, recién azucarado. Me pareció que se me enfriaba el lado izquierdo de la cara, la mano… A primeras horas de la mañana llevo el sol posado en un hombro, como un pájaro.
Aparté la capucha y miré. Y sí, el sol tenía el ojo cubierto de cataratas y, a mi espalda, nubes finísimas, esqueletos de nubes diría, corrían de puntillas de norte a sur de sur a norte, borrando el cielo.
No sentía el viento, pero lo presentía allá en lo alto.
Empezó a sonar la música de suspense de siempre: “chun chun chun-chun-chun-chun”. En una hora escasa e cielo se había vuelto gris “que viene el coco”.
Entonces la tapa del yogurt corrió sobre mi cabeza y quedó completamente encajada en el horizonte. Estaba atrapada en el bote. De nuevo, como siempre que las nubes tapan el sol, se borraron las sombras del suelo y dejé de apreciar los relieves, las formas, los bultitos, los agujeros.
A mi espalda, Franky se atrancaba a cada paso. De pronto se quedó enganchado firmemente, tiró de mí hacia atrás y acabé con mis huesos en el suelo.
.- “Por favor, Franky, ten más cuidado, vamos a acabar rompiendo un bastón” - protesto.
.-”¡No soy yo!” - contesta Franky - “Son ellos, los sastrugis”.
Y de todas partes nos llegan risas y vocecitas infantiles que nos hacen burla.
-”¡No ven un pimieeento! ¡No ven un pimieeento!”. Como si supieran lo que es un pimiento.
-”¡Qué panolis sois. Callaos ya!
Sigo poniéndome en pie, con mucho esfuerzo, poque tenía un bebé sastrugis mordiéndome la punta del esquí. Cuando consigo desembarazarme de él, comienza a partirse de risa, hasta caerse de espaldas en la nieve. Son redonditos, como cucharadas de meregue y muy, muy limpitos. Era clavadito a mi hermano Alberto cuando tenía cuatro años, es decir, a mi sobrino Roi en la actualidad.
Se calla un instante, me mira fijamente con los ojos muy abiertos y me dice:
-”¿Qué es un panoli? ¿Y un pimiento? Jajajajaja.
- Tú, tú eres un panoli, dice otro sastrugis de unos ocho años, clavadito a mi hermano Alberto a esa edad, es decir, a mi sobrino Ivo en la actualidad. Y se lo lleva de la mano, fuera del alcance de mis esquís y de la apisonadora franky.
-”De verdad, Franky, ¡qué harta estoy de Sastruguilandia!”
Abochornados por las risitas infantiles y sus burlas a coro, seguimos camino al sur. Siempre al sur.
A media tarde, tal y como habían llegado, las nubes desaparecieron. La tapa del yogurt empezó a abrirse tímidamente por el horizonte.
-”¡No me dijiste qué es un panoli! - oí gritar a mi espalda, como una brisa lejana.
-”No sé, ¿tú crees que bebemos mucha agua de nieve, Franky?”
Para Ivo, Roi y todos los adultos con corazón de niño del blog.
Chus Lago

