Entrenamiento
El médico deportivo que la auscultó creyó haber dado con una persona enferma, quizá con una patología coronaria. El corazón de Chus Lago latía a 42 pulsaciones por minuto, a ritmo de ciclista o fondista de alto nivel. Las personas sanas y medianamente sedentarias amanecen con 72 latidos cronometrados en 60 segundos y la frecuencia cardiaca de las mujeres es, de por sí, más elevada que la de los hombres. El médico, que más tarde le sometería a su primera prueba de esfuerzo, tardó un rato en entender que se hallaba frente a una atleta excepcional.
Cuando Chus alcanzó la cima del Everest, en 1999, llevaba a sus espaldas más de una década de exigentes entrenamientos, empezando con el que le daba de comer: cinco horas diarias de aerobic, ejercicio que sumaba a las dos horas cotidianas de tarea específica diseñadas por los hermanos Vales, sus primeros preparadores. La carrera contínua, el trabajo de pesas, las cuestas con mochila cargada formaban entonces parte de su menú habitual.
Perfeccionista y devota del trabajo físico, Chus Lago ha preparado la expedición de 2003 al Pobeda de la mano de su nuevo entrenador, Jorge Méndez. Cuando los actos sociales y sus compromisos como conferenciante se lo permiten, Chus trabaja en sesiones de mañana y tarde: el ejercicio aeróbico se alterna con el de fuerza. “Jorge pretende ponerme como un cañón de fuerte e ir afinando según se acerca el objetivo”, explica Chus, una adepta del entrenamiento ciéntifico capaz de aguantar nueve minutos de esfuerzo máximo durante un test, cuando los atletas de élite difícilmente sobrepasan los tres minutos.
“Es Induráin hecho mujer”, resume Méndez, quien considera un “verdadero privilegio poder entrenar a alguien tan fuerte como Chus. Su capacidad para recuperarse de los esfuerzos es extraordinaria, pero también lo es su forma de asimilar cargas inhumanas de trabajo”. Por ejemplo, sesiones de 45 minutos sobre una máquina que simula el esquí de fondo y a la que Chus se encarama con una mochila de 30 kilos a la espalda. Pero lo más complicado, según Méndez, es “combatir el estrés al que está sometida: trabaja, ofrece charlas y diaporamas, viaja, escribe un libro, atiende su casa y su vida conyugal y, entre todas estas cosas, tiene que entrenarse. A veces le preparo sesiones de descompresión, para que se relaje, aunque su capacidad para abstraerse en el sufrimiento es prodigiosa”.
La fórmula es sencilla, no esconde milagros, recalca Méndez: “Se trata de trabajar de acuerdo a un objetivo, de forma ordenada y continuada”.
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Chus realiza pruebas médicas de esfuerzo y otros controles antes de cada expedicion.
Jorge Méndez, preparador fisico de Chus Lago.
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